Coronavirus o el Chernóbil mexicano

Por Mariana Campos (@mariana_c_v) | Forbes

“¿Y qué hay de la radiación?”, le preguntó el burócrata soviético a Anatoly Dyatlov, ingeniero en jefe de la planta nuclear de Chernóbil, horas después de que el reactor volara por los aires el 26 de abril de 1986. “3.6 roentgen”, recibió como respuesta. “OK, no es bueno, pero tampoco horripilante…”, y ahí quedó la frase más memorable de la serie de televisión que recrea el peor accidente nuclear de la historia. Por supuesto, no eran 3.6, sino unas 4 mil veces ese número. Pero los dosímetros (medidores de dosis de radiación) que tenían los operadores a la mano estaban limitados a esa lectura. No daban más allá. 

Chernóbil alcanza para muchas alegorías. México ocupa el lugar 174 en el mundo en relación al número de pruebas que ha practicado para medir la incidencia del coronavirus. Sí, el esfuerzo ha sido muy, muy pobre. No se trata sólo de la calidad del ‘dosímetro’, por decir, sino también de la cantidad de ‘aparatos’ que están en uso. La falta de pruebas limita nuestra capacidad para saber con certeza el tamaño del problema, cómo se comporta en nuestra población, dónde se ubica, qué medidas funcionan, cuáles no y en dónde. Lo más grave quizás es que priva a las personas que presentan síntomas de saber si en efecto están infectados, y cómo cuidarse y cuidar a los suyos.

Esto se verifica no sólo en el ámbito de la salud. En lo económico, también el comportamiento del Gobierno Federal evidencia su falta de entendimiento —o aceptación— del tamaño de crisis que México ya enfrenta. En este contexto, las acciones para contenerla se quedan muy cortas. El Gobierno está completamente sobrepasado y los riesgos económicos y sociales de su mala actuación son mayúsculos.

En el terreno fiscal, el gobierno de México subestima la profundidad de la recesión. Hace poco el presidente se vanagloriaba de la recuperación de la recaudación observada en marzo, pero habló poco del descalabro que sufrieron los ingresos petroleros y menos de la debilidad en el futuro inmediato de los tributarios.

Los datos sobre la pérdida de empleos formales exhiben un descalabro monumental: sólo entre febrero y abril de 2020 se perdieron 765 mil empleos formales.

Sí, los ingresos tributarios superaron en 5% su meta estimada en el calendario (48 mil millones de pesos) y aumentaron 30% (86 mmdp) durante el 1T20, en relación con el mismo periodo del año anterior. Aunque se sobrepasó la meta de estos ingresos en el trimestre, los ingresos excedentes no alcanzaron para compensar la caída de los ingresos petroleros, que lamentablemente, han mostrado debilidad desde años anteriores. En relación con su meta quedaron cortos durante el 1T20. Se reportó un faltante de 41% (-94 mmdp) respecto a los ingresos aprobados. Una parte de esta pérdida será cubierta por un seguro que adquirió el gobierno. No obstante, el Gobierno no ha dado a conocer la cantidad exacta de lo que efectivamente está cubierto, y no todos los ingresos petroleros que se pierdan estarán cubiertos… Muy posiblemente sólo la mayor parte de los del Gobierno Federal, pero no los de Pemex.

Para compensar la pérdida completa de estos ingresos, el Gobierno está liquidando activos —los fideicomisos—, una práctica que ya hemos visto en otros años. Sin embargo, para la opinión pública es nueva, motivada por el impacto del Covid-19 sobre el presupuesto público. Esa liquidación entra a la Tesorería como ingresos no tributarios no petroleros, y justo por ese motivo este tipo de ingresos superaron en 130% su meta del IT20 (67 mmdp).  

Por otro lado, el reactor ya explotó: el impacto negativo provocado por las medidas de confinamiento arreciaron durante abril y han afectado fuertemente la economía en lo que va del segundo trimestre del año. Los datos sobre la pérdida de empleos formales exhiben un descalabro monumental: sólo entre febrero y abril de 2020 se perdieron 765 mil empleos formales. La pérdida en abril fue de 440 mil empleos. Además los datos también ya evidenciaron que no sólo se han perdido empleos, también “patrones empleadores”. Es decir, empresas, y eso es justo lo que hará que la recuperación sea lenta.

Lamentablemente, mientras no haya una vacuna y un tratamiento disponible para el Covid-19, no habrá un regreso a la normalidad. La pandemia desacelerará por tiempo indefinido la actividad económica en los siguientes trimestres. Con todo, el Gobierno subestima esa caída en el crecimiento económico. La SHCP estima un decrecimiento  de apenas 2.9% del PIB para 2020; por ende, la caída oficial en los ingresos tributarios la espera en 155 mmdp. Pero el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional e instituciones financieras nacionales e internacionales  estiman una mayor caída en el crecimiento económico: entre 6% y 10%. Si tomamos la caída que prevé el FMI (6.6%), los ingresos tributarios tendrían una disminución 87% mayor a la caída estimada actualmente por SHCP. Es decir, en total se perderían más de 290 mmdp respecto a lo aprobado para 2020: más de 135 mmdp adicionales a  lo previsto por SHCP actualmente.

Posiblemente la liquidación de fideicommisos no sea suficiente para compensar la debilidad de los ingresos recurrentes del Gobierno. El endeudamiento no es una opción: es irremediable a estas alturas. De hecho, es estratégico para controlar la recesión y para que el gobierno tenga liquidez suficiente. El peso se depreció 30% en marzo y eso incrementó de manera automática el valor en pesos de la deuda externa. La SHCP reconoce que se incrementará la deuda este año en 7% del PIB. En México Evalúa calculamos que será por lo menos 8% del PIB: pasará de 45% a 53%

Sin embargo, si el Gobierno tuviera una perspectiva más estratégica del uso que puede darle al endeudamiento, podría controlar mejor esta recesión. Con 3 o 4 puntos más de endeudamiento podría habilitar políticas fiscales para proteger el empleo, brindar ingreso a las personas desempleadas o desocupadas y ampliar la capacidad del sistema de salud. Irónicamente, si así procediera el Gobierno podría controlar mejor la relación deuda/PIB, ya que con las políticas que mencioné podrían evitar que el PIB se reduzca tanto. Es decir, tendría una mayor deuda pero con un mayor PIB, de tal forma que la presión podría ser menor que con una menor deuda, pero también un menor PIB. 

Ya son 82 países implementando políticas de apoyo al empleo y 62 países aminorando la carga fiscal a las pequeñas y medianas empresas. Aquí estamos a la espera de contabilizar la tragedia: ver a por lo menos 10 millones de personas sumarse a la pobreza. Estamos, por seguir con el símil, justo en el momento en que todavía no decidimos si evacuamos Prípiat, la ciudad aledaña a la planta nuclear.

La falta de reconocimiento de la gravedad de la situación me lleva a pensar que posiblemente el coronavirus será el Chernóbil mexicano. En la Unión Soviética claramente las autoridades no aceptaron la gravedad del suceso, a pesar de que era más que evidente, ni actuaron en consecuencia, afectando así la vida de millones de habitantes.