Edna Jaime (@EdnaJaime)| El Financiero

“Cayó uno de los intocables, de los más polémicos y señalados de corrupción”, así reportaban las cabezas de algunos diarios la aprehensión de Joaquín Hernández Galicia, La Quina, el controvertido líder del sindicato de Pemex, a pocas semanas de que Salinas de Gortari protestara como presidente.

Estas mismas cabezas las vimos apenas antier, para dar cuenta de la salida de Carlos Romero Deschamps del sindicato petrolero.

El Quinazo fue un acto terriblemente efectivo por parte de Carlos Salinas. Frente a un déficit de legitimidad producto de una elección en la que se presumió un fraude, el presidente dio un golpe de poder tumbando a un superpoderoso. Pero no cambió sustantivamente el modo de operar del sindicato frente a la empresa y sus stakeholders (que somos todos los mexicanos) y en el sistema político. Por eso se engendraron nuevas versiones de La Quina, sus sustitutos, con matices impuestos por las circunstancias.

Si con Romero Deschamps se acaba este linaje, está por verse. Por lo pronto, lo que vimos en días pasados es una versión del Quinazo utilizando otros instrumentos. No el Ejército entrando en acción, como sucedió en 1989, sino la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la SHCP y sus mecanismos para mandar señales implacables.

Por eso ni todo el optimismo ni todo el desprecio son expresiones adecuadas ante los recientes hechos. Hay que comprobar si las acciones contra Romero Deschamps llevan también la intención de reparar la relación simbiótica que ha tenido el sindicato con el gobierno en turno o si simplemente se reedita con otros personajes, dando vida a la versión morenista de un Romero Deschamps.

Pero también es importante no dejarnos engañar. La corrupción en Pemex no se detiene separando al corrupto líder sindical de sus filas. Es necesario implementar medidas de lo más diversas para tratar de llevar buenas prácticas a una empresa en la que ha predominado lo contrario.

Es paradójico que en las reformas peñistas a las empresas productivas del Estado se encuentren algunos de los instrumentos para mejorar la gestión de las mismas. Es paradójico porque mientras en las leyes se planteaban nuevos modelos de gestión, los directivos de Pemex abrían la puerta grande a la corrupción, como sugieren algunos reportes periodísticos.

Para desterrar la corrupción de Pemex se tienen que reformar o reforzar sus esquemas de gobierno corporativo, para que exista una verdadera rendición de cuentas del cuerpo directivo hacia el Consejo de Administración. Este Consejo debería representar a los accionistas de la empresa que en teoría, repito, somos todos los mexicanos. Hay mucho trabajo y literatura que expone los mejores modelos y la forma más eficiente de implantarlos. También se necesita más transparencia (me permito recomendar el Índice de Transparencia en Empresas Productivas del Estado, que elaboramos en México Evalúa), y la adopción de las mejores prácticas en sus adquisiciones y contrataciones, con sus debidos controles internos y externos. Un montón de mecanismos operando simultáneamente para que la empresa se conduzca con integridad. Dicho lo anterior, nos debe quedar claro que cambiar la vida de Pemex implica mucho más que echar a patadas al líder sindical corrupto. Y si bien el hecho genera esperanzas, no puede confundirnos sobre sus alcances si todo lo demás permanece igual.

La UIF ha sido el instrumento predilecto de este gobierno para poner contra las cuerdas a quienes considera corruptos o enemigos. Pero la UIF no hace las veces de un buen sistema anticorrupción o un buen sistema de integridad. Teniendo el presidente un cajón con distintas herramientas para lograr esos objetivos, se queda con la que amenaza, aprieta, pero no va a cambiar a México.

Sobre el trabajo de la Comisión de Selección del SNA

Concluyó el periodo de trabajo de la primera Comisión de Selección del SNA. Como integrante y coordinadora de la misma me llevo enormes aprendizajes, pero sobre todo el redoblado respeto y aprecio por mis colegas en dicha Comisión. Mantengo grandes expectativas sobre el SNA y sigo pensando que es la mejor apuesta para el país en su debate contra la corrupción. Porque no hay otra que generar capacidades de Estado en instituciones clave del Estado de derecho y la rendición de cuentas. Y el llamado es que el presidente haga uso de la caja de herramientas finas que le ofrece el SNA. El uso de machete oxidado del poder presidencial amenazante, le podrá servir en el corto plazo y para casos puntuales, pero no va a enderezar al país.