Edna Jaime (@EdnaJaime)| El Financiero

No hay plazo que no se cumpla y llegó septiembre, y con él la obligación de la Secretaría de Hacienda de entregar al Congreso el Paquete Económico para 2020.

A estas alturas, los generales del paquete son bien conocidos. Me gustaría centrarme en cinco aspectos que me preocupan y que se desprenden del trabajo de análisis que el equipo de Presupuesto de México Evalúa realizó en días recientes.

Lo primero es la meta de crecimiento del 2% con la que se hacen las estimaciones de ingresos. Una meta que está por encima del consenso de los analistas económicos que plantean un 1.4%. En el análisis al que hago referencia se calculó qué tan sensible es el ingreso por recaudación de IVA e ISR ante variaciones en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Veamos: si el PIB se reduce en un punto porcentual, es decir, crece 1.0% en lugar de 2%, se perderían 27,668 millones de pesos en recaudación. Además, si la meta de producción de crudo no se cumple, los ingresos totales faltantes ascenderían a 177,671 millones de pesos, los cuales, claro, se podrían compensar con los recursos disponibles en los Fondos de Ingresos Presupuestarios (FEIP y FEIEF). Pero no olvidemos que esos fondos son finitos, y si se dan esos supuestos enfrentaríamos 2021 con ahorros muy disminuidos.

En segundo lugar, me gustaría subrayar el castigo previsto en el presupuesto para el gasto en inversión del gobierno federal.

Todos sabemos que la inversión física en infraestructura es un detonante del crecimiento económico. Pero por quinto años consecutivo se le castiga de manera severa. Pongo algunos ejemplos. El proyecto de egresos plantea una caída en la inversión en agua del 35% respecto al año anterior; una disminución en inversión en transporte de la misma magnitud; 5% menos en salud.

De continuar esta tendencia a la baja en inversión física, los rezagos en infraestructura que ya trae México se ensancharán con repercusiones para el crecimiento, sobre todo para las zonas más atrasadas del país.

En tercer lugar, estamos ante un presupuesto con una clara orientación social y de seguridad.

Dicen que los presupuestos son la carta de navegación de los gobiernos. Y en este caso, vemos que la carta de navegación tiene dos grandes destinos: programas sociales y la seguridad pública.

Ahora, una cosa es gastar mucho y otra cosa es gastar bien. Es en los detalles donde es necesario poner la lupa. En el proyecto de presupuesto 2020 se incrementa el número de programas que no cuentan con reglas de operación. Un estándar regulatorio que nos permite saber cosas elementales en la operación de un programa y sus resultados.

El presupuesto gasto en programas sin reglas de operación y sin mediciones objetivas de evaluación no necesariamente ayuda a los más pobres.

En cuarto lugar, será importante evitar los subejercicios.

En este año, hemos visto que el subejercicio ha alcanzado prácticamente los 200 mil millones de pesos. Y un gobierno que no gasta (bien) es un gobierno que no alcanza sus metas. Metas que deberían traducirse en provisión de servicios públicos básicos con calidad.

El secretario de Hacienda dijo que será fundamental gastar con oportunidad, pero: ¿Por qué persiste el subejercicio? Me parece que a estas alturas del año argumentar que se está todavía en la curva de aprendizaje es excesivo. ¿Qué hará diferente el gobierno el próximo año, más allá de anunciar que comenzará a licitar proyectos este año?

Finalmente, en quinto lugar, sería deseable conocer hasta dónde se quiere llevar el propósito de la austeridad.

Austeridad era una palabras propia de gobiernos que enfrentan programas de ajuste después de crisis económicas.

Pero en México se volvió la bandera de un gobierno que, muchos pensaban, iba a ser muy pródigo en el gasto.

Los recortes a dependencias, la cancelación de programas que potencian la actividad económica, la caída en la inversión pública… todo ello ha impactado negativamente el crecimiento.

Eso es justamente lo contrario de lo que se quería lograr para alcanzar las tasas prometidas de 4 % anual. O el 2% previsto en el paquete económico.

Llama la atención la enorme inversión que, en términos relativos, se hará en la refinería de Dos Bocas y la inyección de recursos a Pemex. De cada 100 pesos que gastará el gobierno federal en infraestructura, 50 son para Pemex, 3 para salud, 2 para educación y sólo 4 centavos para agua. De ese tamaña es el costo de oportunidad.

Estas señales son las que preocupan a los inversionistas y a las calificadoras de riesgo crediticio, que ven a un gobierno que está poniendo muchos huevos en una canasta con muchos agujeros.

Entender el contenido, alcance e impacto del presupuesto del gobierno es un derecho y una obligación de los ciudadanos.

Falta que se nos explique qué haríamos si los supuestos no se cumplen. Si no hay margen ni plan b, lo que nos queda es preocuparnos.