Por Mariana Campos (mariana_c_v) | El Sol de México

Su sola mención trae ecos de los años 90, de los episodios más opacos del régimen presidencialista. Hoy parece que regresa la polémica en torno a ella. Pero habría que hacernos una pregunta elemental, antes de seguir alimentando la grilla: ¿existe o no la partida secreta? No. Me parece que no. 

Veamos: en la Ley de Austeridad propuesta se dicta que los ahorros generados en la Administración Pública Federal serán gastados de acuerdo con lo que establezca la Ley de Responsabilidad Hacendaria. Y en esa ley se está proponiendo otra reforma, qué especifica que los ahorros serán gastados por el ejecutor que los generó… cuando se trate de otro poder distinto al Ejecutivo. Si el que ‘logró’ el ahorro es el Poder Ejecutivo, el gasto se hará en función del Plan Nacional de Desarrollo o lo que establezca su titular. O sea, el presidente. 

Ahí está el detalle: queda la puerta completamente abierta para que sea el presidente el único que defina qué se va a gastar, cómo y con qué finalidad. Sin candados. Como en los viejos tiempos de la partida secreta, ¿cierto? Falso. Es discrecional, sí, pero no es secreta, porque la dictará el presidente a través de un decreto público. La propia Ley de Austeridad contempla un mecanismo de evaluación: prevé un informe de los ahorros generados por el Gobierno, y su destino. El Congreso va a recibir ese informe, y todos los ciudadanos lo vamos a conocer. 

Si bien no es un gasto opaco, sí me preocupa el monto asociado al mismo y, por supuesto, la discrecionalidad que se le otorga al presidente. ¿Por qué? En lo que va de 2019, se han generado más de 100 mil millones de pesos en ahorros. Ese dinero, que representa aproximadamente el 0.5 % del Producto Interno Bruto, es mayor a lo que en el pasado se estableció para los gastos de la partida secreta. Y sobre la discrecionalidad: ¿en verdad necesitamos añadir más de ella en las facultades del Ejecutivo, que hoy ya modifica a voluntad el Presupuesto aprobado, ampliándolo o recortándolo? Esta facultad se la heredará al próximo presidente, no lo olvidemos…

En efecto, podremos saber en qué se gasta. No será un secreto, pero puede ser peor, a causa del efecto sobre los diferentes ejecutores del gasto. Todos ellos no tendrán incentivos a priori para ahorrar, aunque podrán ser obligados a ello a punta de recortes. 

Con todo, no se espera que se generen grandes ahorros después de este año. Hoy es momento, entonces, para recordar cómo se define el ahorro del gobierno: se trata de un remanente al que se llega, con mucho esfuerzo, una vez cumplidas las metas. Siempre y cuando hayas cumplido con ellas, subrayo. 

 

Colofón

Quiero añadir algo sobre la renuncia de Carlos Urzúa. Su carta funcionó como una denuncia de malas prácticas y vicios en el actual gobierno. 

Por un lado, nos confirma hechos que ya habíamos detectado desde la sociedad civil. Detrás de frases como “Me canso, ganso” o “Yo tengo otros datos”, no hay… nada. O más bien, no hay otros datos. Las decisiones se están tomando sin evidencia. Por otro, nos dice que el gobierno actual está sujeto a grupos de interés. Se repite uno de los vicios que más se ha criticado en las esferas de poder vigentes: a saber, el nombramiento a discreción de funcionarios no cualificados. 

Nuestra recomendación: que el Gobierno haya una profunda reflexión a partir de la carta de Urzúa. Y que no subestime el hecho de que el éxito en política pública (y especialmente en el campo del erario público) depende en gran medida de tomas de decisión impecables, basadas en evidencia.

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 * Mariana Campos es coordinadora del programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de México Evalúa