Edna Jaime (@EdnaJaime) | El Financiero

Esta semana el presidente nos anunció que crearía una institución para recuperar recursos o patrimonio que fueron a dar a manos de particulares por la corrupción. Los que conocen del tema le respondieron que tal organismo ya existe, que lo que necesitamos es que opere mejor. Yo le propongo al presidente algo más simple que podría producir cosas buenas para los niños y jóvenes inscritos en algún grado básico de nuestro sistema educativo nacional. Me refiero a que tome el reto de acabar de limpiar la nómina magisterial que administra la Federación a través del FONE, para dejarla completamente libre de irregularidades.

El Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y Gasto Operativo (FONE) es la bolsa de recursos que administran las secretarías de Hacienda y Educación pública para sufragar la nómina magisterial. De este fondo se financian los salarios de siete de cada 10 trabajadores de la educación básica y normal, un grupo que representa el 2% de la fuerza laboral del país. El rasgo más importante del FONE es que se administra centralmente, aunque cada entidad federativa es la que sostiene la relación laboral con los trabajadores del servicio educativo.

El FONE reemplazó al FAEB (un fondo administrado por entidades federativas) y entre los dos hay un mundo de diferencia. El FONE ha cumplido con el objetivo de poner orden la nómina magisterial y ha resuelto en más de un 90 por ciento las irregularidades detectadas cuando el FAEB operaba. Y el control de la nómina no es solamente un asunto del mundo administrativo, también lo es del mundo político y de la política pública. Controlar el dinero y su destino está en el centro de lo que se denomina “rectoría”. Y el Estado mexicano la había perdido notoria y escandalosamente en este sector. Y es un hecho que había dado pasos para recuperarla.

El FONE, pues, es una buena herencia. Antes de él, las irregularidades eran masivas.

La primer ventana para conocer lo que sucedía en el entorno educativo lo dio CEMABE. Un censo administrado por el INEGI que nos ofreció información útil y valiosa sobre estudiantes, docentes e infraestructura educativa. Los cruces básicos de información entre este censo y los registros de la autoridad, permitieron identificar incontables irregularidades en las nóminas educativas con un impacto presupuestal que llegó a estimarse en más de 20 mil millones de pesos para 2014. En la nómina magisterial se colaron miles de comisionados sindicales, aviadores y gente extraña a la labor docente. La nómina magisterial era un fiel reflejo de quién mandaba en la educación antes de la reforma. Y también de los muy débiles mecanismos para controlar el gasto educativo.

Por eso es que el FONE representa un avance innegable, pero no es perfecto. En esta semana el Tec de Monterrey y México Evalúa presentamos un estudio coordinado por Marco Fernández que hace un balance de los primeros años de operación del FONE (2015-2018). Desde mi perspectiva, el documento plantea el pequeño gran reto que López Obrador tiene por delante. Consiste, simplemente, en aplicar la ley y motivar a que las instancias que tienen funciones de control y fiscalización del gasto, de investigación de irregularidades administrativas o delitos y aquéllas que sancionan, operen apegadas a su mandato y atribuciones. Porque a la autoridad educativa federal le siguieron metiendo goles –de una magnitud completamente diferente a la era pre-FONE, hay que decirlo– y no hizo todo lo que pudo hacer.

El estudio hace el balance al que me refiero pero también enfatiza un aspecto delicado que estoy segura también será de interés para el presidente: la impunidad con la que se ha medrado de la nómina educativa. Las irregularidades del pasado como las que todavía persisten no han recibido ningún tipo de amonestación, menos una sanción administrativa o penal.

Inevitablemente esta reflexión nos lleva a otras dimensiones, más allá de la educativa. Y es que las estructuras de control presupuestal y control anticorrupción no funcionan plenamente. Y el área de oportunidad que el presidente puede explotar es muy grande y completamente alineada con su deseo y narrativa. Por eso es un desatino pretender crear nuevas instituciones. Lo importante sería que el presidente pusiera empeño en que las que existen funcionen.

Va este pequeño gran reto para el presidente. Puede ser que sea en el manejo de la nómina magisterial donde probemos su consistencia. Lo que dice y lo que hace respecto a la corrupción, y quién manda en la educación.