Luis Rubio | Reforma

La hipótesis más socorrida sobre las causas del resultado electoral del año pasado se refiere al hartazgo de la población, la evidente corrupción del gobierno del momento y, sobre todo, los pobres resultados de décadas de reformas en términos de ingresos, pobreza y equidad. Todo eso sin duda es válido, pero no explica el cambio tan extraordinario que mostró el electorado entre enero y julio de 2018, en que las preferencias electorales por el hoy presidente pasaron del 30% al 53%. Parte de la explicación yace sin duda en la forma de conducirse de las otras dos candidaturas y, especialmente, del presidente Peña Nieto en el camino, pero me parece evidente que un alto porcentaje del electorado simplemente decidió que la promesa de “más de lo mismo” no mejoraría la economía del país.

La propuesta de AMLO de alterar el camino resultó atractiva para más de la mitad del electorado y, desde el día siguiente de la elección, se ha dedicado a implementar su visión con decisiones muchas veces controvertidas y costosas. El resultado a la fecha, apenas unos meses en el gobierno, no es encomiable: en lugar de un proyecto, la evidencia muestra que el presidente y su complicada -y extraordinariamente diversa- coalición tienen más obsesiones, ocurrencias y agendas encontradas que un plan estructurado y encaminado a construir una plataforma para el desarrollo.

Desde hace años, AMLO ha sido muy claro en su convicción de que el país erró el camino a partir del inicio de las reformas en los ochenta: su planteamiento central es que el gobierno debe ser el rector del proceso económico, es decir, conductor del desarrollo porque el “neoliberalismo” no ha hecho sino producir pobreza y una creciente desigualdad.

Evidentemente, las reformas no han resuelto los problemas del país, pero una evaluación integral del fenómeno que hemos vivido en los años en que México se incorporó a los circuitos comerciales, tecnológicos y financieros del mundo requiere entender el contexto internacional en que todo esto se daba, pues el fenómeno es, en términos generales, global en naturaleza.

Tres libros intentan explicar qué ocurrió y por qué. Cada uno tiene su propio objetivo y sesgo, pero el conjunto arroja una película muy interesante. Charles Dumas* ofrece un análisis esencialmente técnico sobre lo que ocurrió en las décadas en que se aceleró el comercio mundial y se alteró la forma de producir en el mundo (concentrando la producción de partes y componentes para elevar la calidad de los bienes y disminuir su costo), pero sobre todo la incorporación de India y China, especialmente ésta última, al proceso industrial. Visto desde nuestra óptica, China le “robó” a México el mercado de exportaciones que el TLC prometía; sin China compitiendo por la producción industrial que se retiraba de EUA, los pasados treinta años habrían sido muy distintos.

Robert Kuttner** aporta un diagnóstico muy coherente con la visión de AMLO: el mundo funcionaba bien cuando los sindicatos eran poderosos y tenían capacidad de defender los intereses de sus agremiados, el Estado de bienestar satisfacía los intereses de la población antes que la de los capitalistas, la economía estaba enfocada hacia el mercado interno y no había flujos financieros de corto plazo cruzando las fronteras. Aunque se refiere a EUA (y mezcla a Europa en el camino), el argumento de Kuttner -más político que económico- es casi indistinguible de la visión que AMLO ha esbozado en sus libros y discursos. Como AMLO, la visión de Kuttner es nostálgica: dice que no hay salidas fáciles pero que lo existente no es bueno y que hay que recuperar las anclas de desarrollo del pasado.

Barry Eichengreen*** estudia la evolución y devenir de los movimientos populistas a lo largo del tiempo tanto en EUA como en Europa. Con una visión analítica, este autor observa que, detrás del enojo y desconcierto ciudadano en la democracia, se encuentra una combinación de incertidumbre económica, gobiernos incapaces de responder ante las demandas y necesidades de la población y las amenazas a la integridad de la identidad de la ciudadanía. Su argumento es lúcido tanto en las causas como en las consecuencias: concluye que la solución “técnica” no es difícil de dilucidar, pero que los gobiernos en general no tienen la capacidad política o visión para hacerlo, en tanto que los gobiernos populistas no ven la necesidad de atender las causas del fenómeno.

Donde hay una coincidencia absoluta entre AMLO y estos autores es en cuanto a la impopularidad del rescate bancario en México y EUA, respectivamente. Para AMLO, el rescate bancario fue una catapulta en su visión política y en su perspectiva de lo que está mal en el país. Otra coincidencia es la relativa a la migración: para los estadounidenses de Trump, la migración constituye una amenaza a su identidad; para AMLO, la migración representa un fracaso de la política económica mexicana.

Eichengreen concluye diciendo que los gobiernos no convencionales típicamente son indiferentes a las restricciones que imponen los mercados, la disponibilidad de mano de obra o las necesidades de la inversión privada. Eso mismo probablemente acabe siendo el mayor desafío de AMLO en los años por venir.

*Populism and Economics. **Can Democracy Survive Global Capitalism? ***The Populist Temptation