Edna Jaime / El Financiero

Sin duda, el paquete económico 2019 tiene una carga importante de expectativas y manda señales fundamentales a múltiples actores respecto a la conducción del país y el programa de gobierno de esta nueva administración. A nadie ya le queda duda. El presidente López Obrador está apegado al script de sus promesas de campaña y esta dispuesto a mover lo necesario para liberar recursos que permitan financiarlas. El proyecto de presupuesto ha generado revuelo, protestas chicas y otras grandes. Cada programa presupuestal tiene un beneficiario. Y este presupuesto es como el juego de las sillas. Unos encontraron acomodo en alguna, otros quedaron fuera del juego.

Reformar el gasto es un tema profundamente político. Por eso los técnicos fallaron reiteradamente en este propósito. Sólo un gobierno con un fuerte mandato puede alterarlo como lo está haciendo AMLO con el proyecto 2019.

Con el tiempo veremos si las reasignaciones de gasto, ahí donde fueron posibles, generan un gasto más productivo. O si fue un ejercicio vano que implicó pasar los recursos de bolsas con bajos rendimientos a otras con retornos peores. Pero vayamos por partes.

La primer pregunta es si el paquete económico 2019 mandó el mensaje correcto a las audiencias correctas. Mi respuesta es que sí. El proyecto del Ejecutivo Federal presenta un marco macroeconómico que no se aleja de las previsiones de especialistas y las últimas tendencias de comportamiento de las principales variables macro. Me parece que sí construye el mensaje de que se garantizará la estabilidad macroeconómica del país.

Pero, ¿es realista? Existen riesgos, pero en principio lo es.

Como fue anunciado, la Iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación 2019, no modifica el esquema tributario vigente, por lo que no hay nuevos instrumentos de recaudación ni modificación a las tasas aplicadas. Esto  deja acotado el incremento de los ingresos públicos al crecimiento de la economía, en un contexto de desaceleración de la economía mexicana.

Se prevé que los ingresos presupuestarios totales asciendan a 5,814.3 miles de millones de pesos. Aunque esta cifra es superior a la aprobada en 2018, si se compara con la estimación para el cierre de este año, los ingresos públicos serán menores en -0.5% para el año siguiente. No parece que haya margen para ingresos no presupuestados. Y es real el riesgo de que no se alcance la meta comprometida y necesaria para cubrir con suficiencia el techo de gasto para 2019.

En materia de egresos se propone para 2019 un gasto neto total de 5,778.3 miles de millones de pesos, cifra superior en 330,800 millones de pesos constantes de 2019 y 6.1% en términos reales al aprobado en 2018.  Al compararlo con el cierre estimado de 2018, se prevé que el gasto neto total en 2019 será menor en 9,500 millones de pesos, lo que representa un decremento de 0.2% en términos reales.

Sin ingresos nuevos que asignar, el nuevo gobierno propone recortes para las dependencias que integran los Ramos Autónomos, los Ramos Generales que representan compromisos de gasto con las entidades federativas y la Administración Pública Federal a excepción de siete dependencias: Defensa, Educación, Trabajo, Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Energía, Bienestar y Turismo.

El monto de recortes que presenta el proyecto de presupuesto 2019 asciende a cerca de 117,000 millones de pesos, de los cuales 17,500 millones corresponden al ajuste en servicios personales.

Los recursos adicionales que recibirán las siete dependencias ganadoras en el presupuesto 2019, que estarán a cargo de los programas prioritarios del presidente, se estiman en 137,000 millones de pesos que se fondearán, en parte, con la bolsa de recortes mencionada.

Lo que no puede moverse es el gasto no programable, el cual se compone del costo financiero de la deuda pública, las participaciones a entidades federativas y municipios y el pago de adeudos de ejercicios fiscales anteriores (Adefas), el cual se prevé que ascienda a 1,691.6 miles de millones de pesos, lo que equivale a 10.3% de incremento real con relación a lo aprobado de 2018 y de 5.6% real respecto al estimado al cierre.

La propuesta en materia de inversión pública, se mantiene muy cerca de los niveles de 2018, apenas tendrá un incremento de 1.5% en términos reales, la mayor parte se concentrará en Pemex y CFE.

Así el proyecto de la 4T.

Superó el reto de la reasignación con equilibrio. Ahora veremos si supera el reto de la ejecución y de los resultados.