Edna Jaime / El Financiero

Javier Sicilia lo dijo en un evento en el Colmex. La agenda fundamental en este país es la relacionada con la violencia y la inseguridad y la estela de daños y deudos que ha dejado en el camino. Y estoy de acuerdo con él en un cien por ciento. No hay (no debe haber) nada en este país más importante en este momento que esa agenda.

Llevo algún tiempo tratando de entender el fenómeno criminal en México, con la esperanza de contribuir a mejorar las respuestas gubernamentales en este ámbito. En México Evalúa nos estamos especializando en el análisis geoespacial del delito. Una metodología estadística y analítica con enorme potencial de mejorar las respuestas e intervenciones públicas en materia de seguridad y violencia. Quisiéramos que las policías del país desarrollaran estas capacidades.

El trabajo de la policía es insustituible, sobre todo el que se realiza a nivel nuclear, el de la calle, manzana, colonia. Es un soporte elemental en la construcción de comunidades seguras. Una pieza central en la que el Estado se hace presente y genera confianza. Es difícil imaginar un entorno seguro sin policías que sepan a hacer su trabajo con profesionalismo e integridad.

Pero nuestras policías locales son muy débiles. Son corruptas. En muchos casos sirven al crimen. Son presa fácil porque se les ha tenido en el olvido. Sin buena paga, sin buenas armas, sin entrenamiento, sin protección alguna. Así se enfrentan al enorme reto de interactuar con grupos criminales. Eso de que enfrentan una disyuntiva entre plata o plomo, es una falacia. En realidad no tienen opción.

La debilidad de las fuerzas de seguridad a nivel municipal, incluso estatal, no ha sido atendida correctamente. Una década de esfuerzos para profesionalizarlas ha dejado un saldo poco alentador. La propia autoridad federal, en sus diagnósticos, lo reconoce. Frente a esto, me preocupa enormemente que sigamos impulsando todo aquello que no ha funcionado. Por eso ahora que se anuncian los foros para pacificar al país, es que encuentro oportuno hacer este llamado a considerar a las policías locales como un factor indispensable.

El problema es que no las veo incluidas en ninguna de las agendas relevantes que se discuten.

Pasemos lista a los planteamientos hechos hasta ahora por quienes integrarán el nuevo gobierno en menesteres relacionados con la seguridad, la justicia y la paz. Veo tres ejes temáticos en las propuestas.

El primero es el de la justicia social, o más bien dicho la injusticia social como generadora de conductas criminales. En este eje veo la virtud de entender las conductas criminales como el resultado de una serie de factores de riesgo que se conjugan para propiciarlas. Es acertado incluir estos conceptos como parte de una respuesta integral al crimen pero también encuentro el riesgo de que se confunda política social con política de prevención. En algún punto se tocan, sin duda. En una fase de prevención primaria en la que se atienden ciertos factores de riesgo a través del avance en temas socieconómicos básicos como es el acceso a un empleo, a servicios básicos, a educación. Fuera de este punto de contacto, las políticas de prevención son otra cosa.

Otro de los ejes planteados está relacionado con el acceso a la justicia y con las víctimas. Debo decir que este eje es potente. El que está generando nuevas conversaciones. Que estos temas estén en la agenda es un avance sin precedentes, el problema es la terca realidad. ¿Cómo hacer justicia cuando nuestras instituciones en la materia son casi inservibles? ¿Cómo garantizar a las víctimas una respuesta integral cuando en realidad no tenemos cómo hacerlo? El riesgo en esta vertiente es ésa. Escuchar a las víctimas pero no responderles.

El tercer eje es el estrictamente relacionado con la seguridad. En este campo los planteamientos son erráticos, todavía inmaduros. Se juega con la idea de una guardia nacional. Fortalecer a las instituciones federales. Y una indefinición respecto a la Ley de Seguridad Interior. Este es el ámbito en el que las inercias pueden ser más poderosas. No hay planteamientos fuera de la caja. Todo lo contrario, parece que se refuerzan las concepciones de siempre.

Como sea, las policías locales no aparecen en ninguno de los ejes. No se consideran como una pieza en este rompecabezas. Y debo decir que si no se consideran, los procesos de pacificación serán fútiles. Lo reitero: las policías locales son el soporte de la pacificación.