Cynthia Castañeda y Mariana Nolasco / Animal Político

La ola de violencia que enfrenta América Latina tiene su expresión más alarmante en el crecimiento sostenido de las tasas de homicidios dolosos. Dentro de esta epidemia, los homicidios de mujeres por razones de género -o feminicidios[1]– no pueden quedar fuera de la discusión pública, mucho menos de la elaboración de diagnósticos y la búsqueda de mejores respuestas para prevenirlos y perseguirlos.

Si bien no conocemos el dato exacto sobre cuántos feminicidios se cometen en la región por la falta de información oficial sobre el contexto en el que se cometió el delito o por la falta de consenso en la definición de los motivos de género, reportes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) coinciden en señalar que la violencia de género, específicamente los feminicidios, se concentran en Latinoamérica.

De acuerdo con los últimos datos disponibles del Observatorio de Igualdad de Género en América Latina y el Caribe (OIG), se estima que en 23 países de la región, cada día mueren en promedio al menos 12 latinoamericanas por el solo hecho de ser mujeres. Las más altas tasas de feminicidios las tienen El Salvador (11), Honduras (10.2) y República Dominicana (3.6). En términos de números absolutos los tres primeros lugares corresponden a Honduras (466), El Salvador (371) y Argentina (254).

En México, 3 mil 275 mujeres fueron víctimas de homicidio doloso durante 2017. Lo que representa un aumento del 52% respecto a 2015, cuando se registraron 2 mil 159 casos. Las particularidades de la violencia se hacen evidentes en los datos: siete de cada diez feminicidios en 2017 se cometieron con arma blanca y otros elementos como asfixia, golpes, envenenamiento, etc. En contraste, tres de cada 10 homicidios de hombres se realizaron con la misma modalidad.

Con apenas 8% de la población mundial, América Latina es la región más letal en términos de violencia homicida y feminicida; no obstante, atender este problema no ha sido prioridad, pues a pesar de que hoy son 16 países los que cuentan con legislación especializada en feminicidio, siendo el país pionero Costa Rica, las cifras a nivel región van en ascenso y las leyes existentes se consideran deficientes al carecer de una definición común en algunos códigos penales.

El primer paso para cambiar esta realidad es revertir la naturalización de la violencia contra las mujeres y ampliar el debate para comprender mejor los factores culturales, sociales y legales vinculados a los feminicidios.

Aquí te presentamos algunos esfuerzos que en América Latina han logrado poner sobre la mesa esta discusión.

Violencia de género desde la justicia en México

En México una de las propuestas de política pública para prevenir los feminicidios son los Centros de Justicia para las Mujeres (Cejum)[2]. Equis Justicia para las Mujeres realizó un análisis a la estructura normativa, diseño institucional y proceso de atención de los 39 centros que actualmente operan en el país. Derivado de este trabajo, el equipo de Equis presentó una serie de recomendaciones que han sido implementadas ya en un porcentaje de 80% y que dieron paso a la creación del Observatorio Ciudadano de los Centros de Justicia para las Mujeres como un modelo de auditoría ciudadana capaz de incidir a nivel local y federal.

La propuesta de Equis es que los Cejum sean exitosos en su objetivo de garantizar el acceso a la justicia de las mujeres y contribuyan a la prevención y erradicación de la violencia de género siendo institucionalmente fuertes así como transparentes en el ejercicio de sus recursos. Estas son algunas de la ideas al respecto que Ana Pecova, Directora de Equis, compartió para #MxSinHomicidios:

Feminicidio desde el periodismo

En 2016, la periodista Valeria Durán elabortó un diagnóstico completo sobre los feminicidios impunes en México por los vacíos legales y la falta de unificación en el concepto legal de violencia de género. Sin duda vale la pena revisar este trabajo de investigación.

Desde Instinto de Vida, la iniciativa regional a la que pertenece la campaña #MxSinHomicidios, el tema del feminicidio y la violencia letal en América Latina ha sido abordado por las periodistas del diario “El Espectador” María Paulina Baena “La Pulla” y Catalina Ruiz Navarro (@CatalinaPorDios) con videos que salen de cualquier formato de exposición tradicional, pero que gracias a su sello característico de ironía y disrupción han logrado colocar el tema en el debate público. En 2016, la videocolumna de opinión “La Pulla” ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría de “Opinión y Análisis” y suma ya más de 50 millones de reproducciones en YouTube.

La propuesta de “La Pulla” es hacer un periodismo con tono, es decir, informar pero desde una perspectiva crítica, capaz de colocar en la atención pública temas difíciles como la violencia contra las mujeres.

Denuncia de violencia machista en las calles

La propuesta de estas movilizaciones es visibilizar el problema y también presionar a los encargados de la toma de decisiones a realizar cambios e inversiones en las políticas públicas. En Argentina, por ejemplo, una de las propuestas concretas fue la apertura y funcionamiento pleno de Oficinas de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia en todas las provincias con el objeto de agilizar las medidas cautelares de protección.

#NosQueremosVivas desde el arte

Hace unos meses la exposición “Feminicidio en México ¡Ya Basta!” estremeció a todo el que pasó por el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México; al experimentar las historias de una serie de fotografías sobre los cuartos vacíos de víctimas de feminicidio, o al atravesar un pasillo obstaculizado con cuerdas mientras voces de hombres y mujeres bombardeaban los oídos del visitante con mensajes de discriminación, las y los asistentes reflexionaban sobre la normalización de conductas que pueden desembocar en la máxima expresión de la violencia de género: el feminicidio.

La propuesta de esta exposición fue montar una serie de instalaciones que, a través de experiencias estéticas, audiovisuales y llenas de emoción, explicaran el tema al visitante.

Campañas de comunicación

A nivel internacional, el movimiento He for She busca desde 2014, entre otras cosas, erradicar la violencia de género. Hasta el momento, la campaña creada por ONU Mujeres ha generado más de 1.3 billones de conversaciones, 1.6 millones de compromisos y más de mil eventos enfocados a fomentar la participación de los hombres en la desigualdad de género. En Uruguay, la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia de Género acaba de ser aprobada en gran medida gracias al esfuerzo constante y desde diferentes trincheras de ONU Mujeres.

En Perú, la Universidad Nacional de Ingenieríal en colaboración con el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, lanzó una serie de spots con el objetivo de abonar a la prevención, protección y atención de la violencia contra la mujer y la familia.

La propuesta de este tipo de iniciativas es generar conciencia sobre el problema, así como familiarizar e involucrar a mujeres, hombres, y tomadores de decisión con la desigualdad que detona la violencia de género.

En la región latinoamericana el panorama no es optimista: las cifras de feminicidios no disminuyen y los avances para tratarlos van lento y tarde. La meta común de estos y otros esfuerzos[3] es incidir mediante una conversación franca, plural y sostenida en el tiempo. Aunque el tema resulte muchas veces difícil de medir y poner en perspectiva, aunque despierte controversias y abra heridas, no debe permanecer ausente de las discusiones y el interés de los gobiernos; en cambio, es momento de tratarlo como lo que es: un grave problema de política pública y un fenómeno completamente distinto al homicidio que requiere atención y tratamiento específicos.

Hablemos de feminicidios; es urgente.

[1] El concepto de feminicidio fue utilizado por primera vez en 2006 por Diana Rusell y se define como el asesinato de una mujer por el simple hecho de ser mujer. Se trata de violencia letal provocada, entre otras razones, por machismo y misoginia.

[2] Los Centros de Justicia para las Mujeres buscan dar respuesta en materia de atención y prevención de violencia contra las mujeres. Su objetivo es proporcionar herramientas que permitan a las vícitmas construir proyectos de vida libres de violencia mediante apoyo psicológico, jurídico y económico.

[3] Las últimas semanas Instinto de Vida sumó como nuevo socio al Instituto Promundo, una organización en Brasil que busca promover la igualdad de género y la prevención de la violencia a través del involucramiento de hombres y mujeres en la transformación de masculinidades.