¿Por qué el otorgar una beca a un joven puede ser un factor de protección contra la criminalidad? Hasta ahora, no lo sabemos.

David Ramírez de Garay (@DavidRdeG) / Animal Político 

En esta entrada de nuestro blog, proponemos un ejercicio distinto para abordar la idoneidad de los planteamientos de campaña frente a los retos del país en materia de seguridad. Para ello, nos enfocamos en los elementos que nos gustaría encontrar en una propuesta realista y sostenible de seguridad desde un partido político con elevada intención de voto rumbo a la elección presidencial; en este caso, Morena. Nuestra intención es llamar la atención de los potenciales nuevos responsables de la administración pública para mostrarles que es posible plantear propuestas viables y alejadas de las recetas fallidas que, sin lograr resultados, han incrementado los costos sociales y económicos de la criminalidad.

            A fin de darle congruencia al ejercicio,  identificamos  un eje en los documentos básicos del partido en cuestión y, a partir de él, presentamos una propuesta acorde que cumpla con las características que estamos esperando ver y escuchar por parte de los partidos. Pensamos que este experimento será interesante e ilustrador, sobre todo en tiempos donde la ideología política y los idearios partidistas están palideciendo a favor del pragmatismo y del acceso al poder por el poder mismo. Esperamos poder replicar este ejercicio con el resto de los candidatos.

En su declaración de principios, Morena presenta los lineamientos ideológicos que guiarán sus acciones. En el documento encontramos que el punto con mayor relevancia para las propuestas de seguridad es el número 8. Ahí se declara que el partido es solidario “[…] con las luchas del pueblo mexicano, en particular, con las de los más excluidos, explotados y humillados como los migrantes, los discriminados, los indígenas y las víctimas de la violencia y de la injusticia”. Así pues, si Morena adopta este principio como eje rector, el partido estaría en posición de plantear propuestas de seguridad enfocadas en un importante sector: los jóvenes.

            Una rápida mirada a las cifras nos permite ver que hay razones de sobra para ubicar a la juventud mexicana como uno de los grupos que más resiente la victimización y los procesos de exclusión. Tan solo el segmento de 15 a 29 años registró en 2016 el 36% de víctimas de homicidio intencional (INEGI). La victimización múltiple (ser víctima de más de un delito) es más frecuente en el grupo de 18 a 29 que en el resto de la población (ENVIPE). En este grupo no solo están representadas las víctimas, también los victimarios. De acuerdo con el  Censo Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario Estatales de 2017, los jóvenes entre 18 y 29 años de edad representan el 34.7% de la población privada de la libertad. Se trata del primer grupo en importancia, solo antecedido por el grupo de 30 a 39 años, con 33.8% de la población reclusa.

Estos altos niveles de victimización y de participación en actividades criminales están estrechamente relacionados con la existencia de contextos sociales adversos (o criminogénicos, como se suele llamar en la literatura especializada). De acuerdo con datos de la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED 2014), el 50% de los jóvenes (12-29) identifica situaciones de conflicto o peleas en su hogar; el 66.5% ha sufrido delitos o actos de maltrato en su escuela; el 32.2% fue víctima de bullying y el 12% ha tenido una experiencia en un entorno delictivo[1].

            Los contextos en los que viven los jóvenes parecen ser tan importantes en la victimización que, de acuerdo a estimaciones realizadas por el INEGI, el nivel educativo no es un factor de protección si se habita en una zona de desorden social[2]. La probabilidad de ser víctima (con preparatoria o bachillerato) aumenta en un 15.2% si se vive en una zona sin desorden social y de 32.5% si se habita en áreas con desorden social. Con educación a nivel postgrado, la probabilidad aumenta en un 24.5% sin desorden social y a 46.7% con desorden social. Cabe enfatizar que estos mismos contextos también se vinculan con la probabilidad de iniciar una conducta criminal, al ser procesos enmarcados en profundos mecanismos de exclusión.

Así, estas dinámicas son justamente lo que tendría que estar en el foco de atención de cualquier propuesta de seguridad de Morena dirigida a los jóvenes. Idealmente, tendría que ser una propuesta con los criterios básicos que debe de tener una política pública que realmente esté buscando desembrollar problemas sociales: que esté basada en diagnósticos, haga uso de la evidencia empírica, identifique los mecanismos de cambio, retome buenas prácticas internacionales y esté sujeta a procesos de evaluación.

            Desafortunadamente, la coalición liderada por Morena no ha logrado presentar una propuesta vinculada con estas características. La propuesta divulgada hasta ahora -apoyar a los jóvenes como una forma de atender las causas sociales de la criminalidad y la violencia- se queda a medio camino de lo que realmente se necesita. Las acciones para mejorar acceso a la educación y salud de este sector son necesarias, pero este tipo de apoyos están más cercanos las políticas sociales generalistas que a verdaderos programas de prevención diseñados para atender factores de riesgo. Más allá de la viabilidad financiera, uno de los elementos que más se extrañan en la actual propuesta es la especificación del mecanismo de cambio sobre el cual la política busca trabajar para obtener los resultados deseados. Es decir, ¿por qué el otorgar una beca a un joven puede ser un factor de protección contra la criminalidad? Hasta ahora, no lo sabemos.

            Por fortuna, tanto la campaña de Andrés Manuel López Obrador como las demás que se encaminan a la contienda presidencial están a tiempo para revisar y mejorar sus planteamientos. En México Evalúa estamos convencidos de que una propuesta, innovadora, seria y llamativa, no tiene porque obviar las características de una buena política pública ni estar peleada con los conceptos básicos de un instituto político. No dejemos que la urgencia, o la temporada,  sirvan de pretexto para dejar de hacer las cosas bien.

Referencias:

INEGI Características de la victimización y victimización múltiple de la población en México, 2010-2015. Documentos de análisis y estadísticas. 2017).

[1] puede ser cualquiera de las siguientes: alguna vez ha portado un arma, ha estado en una pandilla violenta, ha cometido actos de vandalismo, o bien, ha tenido problemas con la policía.

[2] , entendida como el lugar donde “[…] la persona sabe o ha escuchado si en los alrededores de su vivienda suceden las siguientes situaciones: se consume droga, existen robos o asaltos frecuentes, se vende droga, hay prostitución, ha habido disparos frecuentes, secuestros, homicidios, extorsiones y⁄o cobro de piso.” (INEGI 2017, pag. 45)